La luz al final del derrumbe

Hasta ahora recuerdo cuando en CNN mostraron el rescate de una mujer haitiana que había sobrevivido siete días sin agua ni comida, las paredes casi la habían sepultado pero ella se aferró a la vida con una fortaleza inusual. Esperándola afuera se encontraba su esposo, que le hablaba constantemente para mantenerla lúcida, invadido por el temor de que fuera demasiado tarde.
A pesar de que en su interior estaba consternado, él mostró entereza y calma para no agobiar a su señora. No había perdido la esperanza, pese a que su mujer estaba desaparecida una semana, con convicción aseguró que ella seguía viva, por ello le habló a los escombros y así fue se escuchó una débil voz debajo de los mismos. Una delgada mano quería salir a la superficie, mientras trasladaban una cámara que permitió reconocer el rostro de la afectada, los bomberos hacían sus mayores esfuerzos para salvarla pero se les hizo difícil por el gran peso que tenía encima. Después de la angustia, se logró rescatar a la haitiana con éxito, ella y su marido pudieron besarse conmovedoramente tras los momentos desagradables que pasaron.
Hubo muchas historias similares en esta tragedia, ésta fue la que simbolizó la realidad del castigado pueblo de Haití, según mi perspectiva. Las pequeñas manifestaciones de amor como el beso de esa frágil mujer con su esposo, son situaciones que nos muestran que aquello que vemos en la pantalla sólo es la parte superficial y hay que saber interpretar como la cantidad de sentimientos se manifiestan en uno. Casas que ahora son inhabitables, niños huérfanos, personas desaparecidas, infinidad de muertos. Al parecer, a esta nación le llegó el fin del mundo.
Sin embargo, siempre hay una luz esperanzadora que cuando la oscuridad nos cubre, nos guía para salir y superar lo ocurrido. Nuestros hermanos de Haití no pueden ser la excepción, el mundo se puso de pie para ayudar, pero el pueblo debe ser lo suficientemente fuerte para escapar de ese hoyo en el que se encuentra. Así como la señora haitiana no se rindió y alcanzó esa voz que la llamaba fuera del derrumbe, esa salida era el comienzo de una nueva vida. Un país tan pobre y que pasa muchas penurias, debe apoyarse de este suceso para poder progresar, al igual que otros pueblos lucharon contra la adversidad. Haití deberá adelante, no sólo por la preocupación de los demás, sino por ellos mismos.





